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Esto es llegar a Padilla

Llegar a Padilla es acercarse por esa callecita inclinada donde todo se torna verde, el color del club y de los árboles que se ven al fondo en la Panamericana. Es escuchar el sonido del peloteo desde afuera, ver una puerta y sobre ella, pintado humildemente: “Padilla Tenis de Mesa”. Es entrar por esa puerta a un cuarto generalmente oscuro y subir por una escalerita, escalón por escalón mientras el peloteo se escucha más fuerte.

Es terminar de ascender los escalones para que ante la vista nos aparezca un lugar de lujo, con varias mesas, suelo pintado de azul y separadores puestos donde deben ir (a menos que lleguemos temprano y nos toque ponerlos a nosotros). Es saludar al profe y a los compañeros, prepararse, agarrar la paleta y ponerse en una mesa. Con suerte, te toca la mesa olímpica, la n°1.

Es entrar a un mundo paralelo, a una zona autocontenida y con sus propias reglas. Es estar tres horas jugando, entrenando, divirtiéndote, riéndote, saltando, punta, medio, punta, drive, revés, topeo, bloqueo, paralelo, cruzado, pivot. ¿Saque? No tanto como deberíamos; después le echamos la culpa a eso cuando perdemos. Es escuchar un ¡CHOLE!, o más argentino, ¡VAMOS!, o más padillense: ¡SÍ PAPÁ!

Es terminar muerto, transpirado, cansado, pero ligero, encendido, con ganas de que no se termine la clase y de que llegue la siguiente. Y si fuiste a un torneo, con ganas de subirte al podio metálico y que te llamen por el micrófono, aunque hayas quedado 3° en un torneo de seis personas.

Es, que entre todo eso, te hayas encontrado con personas de todos los niveles, de diversas edades y situaciones, pero que estando de un lado u otro de la mesa haya una conexión y un entendimiento que supera todas las barreras. Es felicitar a tus compañeros por cada uno de sus logros, por más chiquito que sea, y alentarlos cada vez que llegue la oportunidad. Es también querer reventar la paleta contra el suelo (contra la mesa nunca), y que te digan “no seas boludo”. Es disfrutar comidas en la parte de atrás o en el buffet, y que la amistad que nos da desborde el club.

Todo eso es llegar a Padilla. ¿Y cómo es irse de Padilla? Irse de Padilla, por si no era obvio, es imposible.

Sergio Chamorro